Primeramente construímos el piso con los ladrillos,colocamos la parrilla,
sosteniendola con dos ladrillos (para formar el cenicero) y algunos carbones.
Aprovechamos un cuenco para acomodar mejor las piezas chicas
(engobes y nada más,¡ obviamente los esmaltes se pegarían!)
Seguimos apilando las piezas, intercaladas con carbón
y paquetitos de las sales, envueltos en diario, si queremos el manchado
típico producido por volatilización
Agregamos mucho carbón y el resto de las piezas,
tratando de intercalar todo lo posible
Colocamos la chimenea, y sobre ella
las maderas como en una carpa de Sioux
Completamos la carpa con otras maderas y la cinchamos con el alambre de fardo,
cubriéndola con el metal desplegado o gallinero. Atarlo firme y formar alrededor
de las patas un murito con ladrillos para que no se escapen los carbones.
No dejar alambres hacia afuera porque luego lastiman en las siguientes etapas.
Ahora por arriba (antes de cerrar todo el alambre) cargamos el resto del carbón,
Más o menos dos bolsas.
Ahora empieza lo bueno! Mojamos una hoja en barbotina y la pegamos al alambre.
Suena fácil pero no salpicarse y que no se resbalen las hojas no es tanto.
Así vamos cubriendo todo con una capa, menos una "puertita" abajo y la chimenea arriba.
Completamos la capa hasta llegar arriba.
Ahora es más fácil, sobre la capa húmeda pegamos hojas y con la mano mojada
en barbotina las vamos pegando tipo "cartapesta" o mejor "cartabarro"
Una vez que el horno tiene un grosor de unos dos dedos encendemos un fuego
con astillas y carbones frente a la puertita.
Ahora a recordar los volcanes en la playa porque de eso se trata.
Esta parte no es obligatoria pero si es un homenaje a las pinturas rupestres,
el óxido de hierro está muy indicado, pues es lo tradicional
para este "bautismo de fuego", la autora es M.Z.
Acá nos jugamos y encendemos al monstruo dormido,
con una palita metemos los carbones encendidos
dentro del volcán y los empujamos bien adentro, bajo la parrilla.
Ahora el horno está encendido, primero tímidamente pero
luego va tomando ritmo, haciendo bastante ruido de aspiración de aire.
Es conveniente ir controlando que se temple primero (si es necesario
frenar un poco el fuego cerrar la boca con una chapa).
Bueno, ahora ruge, parece un soplete gigante,
se observa que prudentemente nos apartamos de él, por las dudas.
Se van consumiendo las maderas de la estructura, y la barbotina se va secando.
Nos mantenemos alejados, el calor que irradia el horno es bastante grande.
Despues de unos días (Nos teníamos que reunir para la emocionante
"Apertura") apenas un empujoncito y como si fuera un termitero se rajó.
¡A desarmar! con cuidado con los alambres y el metal desplegado.
todo el papel y la barbotina quedaron como milhojas y se desmoronan al tocarlos.
Esto parece una tumba etrusca, llena de cacharros, ¿Saldrá algo entero?.
La emoción de rescatar las piezas, casi todas enteras.
El botín es generoso. Las reducciones por el carbón y las coloraciones por el Cu y las sales son sumamente interesantes.